La carne de las aves tiene diferentes cualidades de acuerdo con la parte de donde proviene. Por ejemplo, la carne oscura de pavo suele ser más propensa a la oxidación debido a su mayor cantidad de grasa. En general, la carne blanca de pavo puede contener entre un 11.4 y un 12.0% de grasa, mientras que la carne roja u obscura contiene entre un 20.3% y un 21.7% de grasa.  La carne de pavo ha tenido una gran aceptación por parte del consumidor y los procesadores se han dado a la tarea de desarrollar una variedad de productos con ella para mantener una demanda de consumo más constante a través del año.  En el afán de continuar con el desarrollo de productos de este estilo utilizando carne de pavo, un grupo de investigadores de la Universidad Diponegoro en Indonesia presentaron los resultados de su investigación en la 4ta Conferencia Internacional de Ciencias y Tecnologías de la Vida. Esta investigación se llevó a cabo con el objetivo de analizar diferentes parámetros de calidad en la carne de pavo e identifica cuál es la óptima para la fabricación de productos embutidos como el salami.  Los salamis de pavo se elaboraron con carne de pavo, grasa de res, proteína de aislada soya, bacterias lácticas iniciadoras (L. bulgaricus, S. thermophilus, L. achidophilus), sal de curado, azúcar, condimentos y agua helada. El diseño experimental utilizado fue cuantitativo comparativo con variaciones de tratamiento.   Los resultados mostraron que el salami de pavo elaborado con la carne de la pechuga de esta ave comestible resultó ser de mejor calidad que aquel elaborado con trozos de los muslos. Además, comparado con un producto comercial elaborado con carne de res, el salami pechuga de pavo resultó ser más bajo en calorías y contenido de grasa, y mayor en contenido de proteínas, lo que obviamente ofrece una ventaja nutricional para algunos consumidores y da la pauta a los procesadores para elaborar productos “dietéticos” o bajo la clasificación “light”.