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La predicción de demanda, una nueva palanca de rentabilidad en la industria cárnica

Las empresas que integran inteligencia artificial están logrando mayor eficiencia, menos desperdicio y mejores márgenes.

  • 05/06/2026 • 18:09

En la industria cárnica existe una ineficiencia que se repite con sorprendente frecuencia en empresas de todos los tamaños y mercados: se produce o se compra demasiado de aquello que no se vende, mientras que escasean precisamente los productos que el consumidor está demandando.

El costo de esta ineficiencia se refleja en cuatro frentes principales. El primero es la merma, cuando el inventario de proteína fresca no rota a tiempo y supera su fecha de vencimiento. El segundo son los quiebres de stock, que ocurren cuando existe demanda, pero el producto no está disponible. El tercero es la inmovilización de capital de trabajo, al mantener inventarios financiados con recursos que podrían destinarse a actividades más rentables. Finalmente, están los mayores costos operativos derivados del almacenamiento en frío, la gestión logística y el transporte ineficiente.

Aunque estos problemas parecen distintos, todos tienen un origen común: decisiones de producción, compra y distribución basadas en la intuición, en datos históricos limitados o en la experiencia individual de los responsables de abastecimiento, en lugar de apoyarse en modelos avanzados de predicción capaces de reflejar la complejidad real del mercado.

El problema de cómo se pronostica la demanda actualmente

La mayoría de las empresas medianas y grandes de la industria cárnica en América Latina utilizan uno de tres enfoques para estimar la demanda, todos ellos con limitaciones importantes.

El primero consiste en proyectar las ventas históricas ajustándolas por factores estacionales o expectativas de crecimiento. Se trata de un método simple y rápido, pero cada vez menos efectivo en mercados donde las preferencias de los consumidores evolucionan con mayor velocidad que los patrones reflejados en los datos históricos.

El segundo enfoque se basa en la experiencia del comprador o del director comercial. En este caso, la estimación surge del conocimiento acumulado sobre el mercado, las señales percibidas en los canales de venta y la intuición del tomador de decisiones. Si bien este método incorpora conocimiento valioso, también presenta limitaciones significativas: no es escalable, resulta difícil de transferir a nuevos equipos y está expuesto a sesgos cognitivos que pueden afectar la precisión de los pronósticos.

La tercera alternativa es producir o comprar únicamente sobre pedidos confirmados. Aunque este esquema minimiza el riesgo de sobreinventario, genera una operación rígida, limita la capacidad de negociar mejores condiciones de compra por volumen y aumenta el riesgo de perder ventas ante demandas inesperadas. En el caso de las proteínas frescas, donde los tiempos de reposición pueden extenderse varios días o incluso semanas, esta estrategia puede representar un costo comercial considerable.

A pesar de sus diferencias, estos tres métodos comparten una misma debilidad: desaprovechan gran parte de la información disponible que podría utilizarse para anticipar con mayor precisión el comportamiento futuro de la demanda.

La complejidad real de la demanda

La demanda de proteína animal es el resultado de múltiples variables que interactúan simultáneamente y operan en diferentes escalas temporales, geográficas y comerciales.

Entre las fuentes de información más valiosas se encuentran los datos generados en el punto de venta: frecuencia de compra, ticket promedio, comportamiento por segmento de cliente, mezcla de productos adquiridos y desempeño por canal de comercialización. Sin embargo, son precisamente estos datos los que menos empresas recopilan y explotan de manera sistemática.

Un retailer que dispone de información transaccional detallada por punto de venta, día de la semana, categoría de producto y perfil de consumidor posee una base extraordinariamente valiosa para construir modelos predictivos de alta precisión. No obstante, en muchos casos estos datos siguen utilizándose únicamente para reportes descriptivos y no para optimizar la toma de decisiones.

Por qué la inteligencia artificial cambia las reglas del juego

La irrupción de la inteligencia artificial ha ampliado significativamente las posibilidades de la predicción de demanda.

Los modelos de machine learning aplicados a series de tiempo y las técnicas de deep learning permiten identificar relaciones complejas y no lineales entre variables, adaptarse a cambios estructurales en los patrones de consumo e incorporar simultáneamente una cantidad de información imposible de procesar mediante métodos tradicionales.

En términos prácticos, esto significa que un modelo basado en inteligencia artificial puede analizar al mismo tiempo variables como el historial de ventas por punto de venta, las variaciones de precios entre diferentes proteínas, las condiciones climáticas de cada región, el calendario comercial, la proximidad de fechas especiales, eventos locales y fluctuaciones en el tráfico de los canales de distribución.

El resultado es una predicción mucho más precisa sobre cuánto se venderá de cada producto, en cada ubicación y en cada período, permitiendo tomar decisiones mejor fundamentadas en toda la cadena de suministro.

Cinco pasos para implementar predicción de demanda con IA

La adopción de estas tecnologías no requiere comenzar con proyectos complejos o inversiones desproporcionadas. El proceso puede desarrollarse de manera gradual y orientada a resultados concretos.

El primer paso consiste en realizar una auditoría de los datos disponibles. Antes de hablar de algoritmos, es indispensable conocer qué información existe, dónde se encuentra, con qué frecuencia se actualiza y cuál es su nivel de calidad y confiabilidad.

El segundo paso es definir claramente el problema de negocio. No se trata simplemente de predecir demanda, sino de determinar qué producto se quiere proyectar, para qué canal o punto de venta, con qué horizonte temporal y con qué nivel de detalle.

El tercer paso es construir un modelo mínimo viable antes de aspirar a soluciones sofisticadas. En muchos casos, un modelo relativamente simple que incorpore variables como precio relativo, promociones y estacionalidad ya puede generar mejoras sustanciales frente a los métodos tradicionales.

El cuarto paso consiste en integrar las predicciones dentro de los procesos operativos. El verdadero valor no está en generar pronósticos, sino en lograr que compradores, responsables de producción y equipos logísticos utilicen esa información para tomar decisiones diarias.

Finalmente, es fundamental medir el impacto económico de manera rigurosa. Indicadores como la reducción de mermas, la disminución de quiebres de stock, la optimización del capital de trabajo y la mejora del margen por categoría permiten cuantificar el retorno de la inversión y justificar la expansión del programa.

Una ventaja competitiva difícil de replicar

En un mercado cada vez más competitivo, la diferencia entre una empresa líder y una rezagada no depende únicamente de su capacidad productiva o de su acceso a materias primas. También depende de la calidad de sus decisiones.

La empresa que sabe con mayor precisión cuánto comprar, cuánto producir y cómo distribuir sus productos obtiene ventajas concretas en rentabilidad, disponibilidad y eficiencia operativa. Mientras algunos continúan tomando decisiones basadas en intuición o en promedios históricos, otros ya están utilizando inteligencia artificial para transformar datos en resultados. La diferencia entre ambos enfoques tiene un nombre: ventaja competitiva.

Sobre el autor

Martín Ribón Aislant es ejecutivo con experiencia en dirección de operaciones y categorías cárnicas en retail multiformato, industria porcícola y operaciones internacionales. Ha sido director general de empresas cárnicas, director de operaciones en retail y director comercial de carnes con el liderazgo de equipos de más de 2.000 personas en la cadena de proteína animal en Colombia.

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E-mail: mribonaislant@gmail.com