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¿Quién está comprando realmente la proteína animal en 2026?

La fragmentación del consumidor exige nuevas formas de entender el mercado y ajustar desde el portafolio hasta la operación productiva.

  • 17/07/2026 • 16:36

Hay una pregunta que todo directivo de la industria cárnica debería estar haciéndose hoy, y que muy pocos se plantean con la profundidad que merece: ¿Quién es realmente el consumidor de proteína animal en 2026 y qué está decidiendo cuando elige lo que llega a su mesa?

La respuesta ha cambiado más en los últimos cinco años que en las dos décadas anteriores. Las empresas que todavía toman decisiones de producción, comercialización y logística basadas en el perfil del consumidor de 2018 están operando con un mapa desactualizado en un territorio que ya se transformó.

Este artículo no trata únicamente sobre tendencias de consumo. Trata sobre las implicaciones operacionales y estratégicas que, desde mi experiencia en la cadena, surgen de estos cambios y sobre cómo las empresas deben responder para mantener competitividad y rentabilidad.

El consumidor no compra proteína. Compra certeza.

Durante décadas, la industria cárnica operó bajo un supuesto implícito: el consumidor elegía proteína principalmente por precio, disponibilidad y hábito. Estos tres factores siguen siendo determinantes, pero ya no son suficientes para explicar las decisiones de compra actuales, y mucho menos para anticiparlas.

Lo que empieza a emerger con mayor claridad en los datos de consumo y en la observación del punto de venta es un consumidor que busca certeza antes que producto.

Certeza de que lo que compra es realmente lo que dice ser.
Certeza de que detrás del producto existe un proceso que cumple estándares que, aunque no pueda verificar directamente, espera y exige.
Certeza de que el precio pagado corresponde a un valor real y no únicamente a una promesa de marketing.

En Colombia, el crecimiento del hard discount en proteína animal no responde solamente a una variable de precio. También responde a la consistencia. El consumidor que compra en estos canales sabe qué va a encontrar, con qué calidad y bajo qué condiciones. Esa predictibilidad es una forma de certeza que el canal tradicional, con toda su amplitud y variedad, muchas veces no ha logrado entregar de manera constante.

Las implicaciones para la comercialización son claras: la propuesta de valor de una empresa cárnica ya no puede construirse únicamente sobre precio o variedad. Debe construirse sobre confianza, consistencia, innovación y generación de valor. Y esa promesa no se construye desde la comunicación; se construye desde la operación, la disciplina productiva y una visión clara de largo plazo.

La fragmentación del consumidor es real y está subestimada.

Uno de los errores más frecuentes que he observado en la planificación comercial de empresas cárnicas medianas y grandes es asumir que existe un único consumidor.

Se diseña un mix de producto para “el consumidor colombiano” como si todos tuvieran las mismas motivaciones, necesidades y comportamientos de compra. En esa simplificación se pierde una oportunidad importante de capturar valor y mejorar márgenes.

En la práctica, el mercado de proteína animal en Colombia opera con varios perfiles de consumidor con lógicas de decisión diferentes:

El consumidor de precio absoluto.
Principalmente concentrado en los segmentos de menor poder adquisitivo, decide por el menor costo por gramo de proteína disponible. Este consumidor está migrando estructuralmente hacia categorías como cerdo y pollo a medida que la brecha de precio relativo frente a la carne de res aumenta.

El consumidor de conveniencia.
Prioriza tiempo sobre precio y está dispuesto a pagar más por productos listos para cocinar, con empaques prácticos y disponibles en los canales que frecuenta. Este perfil impulsa el crecimiento de categorías como embutidos, apanados y carnes marinadas, y está redefiniendo el papel del hard discount dentro de la categoría.

El consumidor informado.
Aunque todavía representa un segmento más pequeño, especialmente concentrado en consumidores de mayor poder adquisitivo, su influencia crece rápidamente. Investiga antes de comprar, revisa etiquetas, pregunta por origen y empieza a asociar calidad con trazabilidad. Este consumidor probablemente definirá la evolución del mercado premium en los próximos años.

El consumidor de ocasión.
No mantiene un patrón único de compra, sino que decide según el contexto. Puede comprar res para una ocasión especial, pollo para el consumo semanal, cerdo cuando busca variar o pescado según la ubicación y la oportunidad. Es un consumidor difícil de fidelizar, pero representa una oportunidad importante para quienes gestionen inteligentemente el mix y la experiencia en punto de venta.

Cada uno de estos perfiles requiere una propuesta comercial distinta, un mix de producto diferente, una estrategia de precio específica y, en muchos casos, un canal de distribución particular.

La empresa que intenta atenderlos a todos de la misma manera termina perdiendo relevancia y dejando margen sobre la mesa.

Las implicaciones en producción son las más ignoradas.

Cuando cambia el comportamiento del consumidor, la primera respuesta de la industria suele estar en el área comercial: ajustar precios, rediseñar empaques o modificar la comunicación.

La respuesta que normalmente llega más tarde, y que tiene mayor impacto sobre la rentabilidad, es la transformación productiva.

El consumidor informado que exige trazabilidad no puede ser atendido con un sistema productivo que no permite conocer el origen del producto.

El consumidor de conveniencia que busca soluciones listas para cocinar no puede ser atendido por una planta enfocada únicamente en cortes primarios. Requiere capacidades de transformación, valor agregado y flexibilidad operacional.

El consumidor de precio absoluto requiere una estrategia clara de productos de entrada o productos gancho. Esto no significa que no pueda comprar productos de mayor valor; significa que la empresa debe entender cómo atraerlo, convertirlo y llevarlo hacia otras categorías dentro del portafolio.

La producción debe dejar de reaccionar al mercado y empezar a diseñarse a partir de la lectura anticipada del consumidor.

Lo que el directivo debería estar haciendo con esta información

La primera acción no es estratégica. Es diagnóstica.

Antes de rediseñar la propuesta comercial o ajustar el mix de producción, el directivo necesita responder preguntas fundamentales:

¿Quién es realmente el consumidor actual de la compañía?
¿Qué porcentaje de la facturación representa cada perfil?
¿Cuáles consumidores son fieles, cuáles están en riesgo de perderse y cuáles ya se perdieron?
¿Qué productos compran quienes consumen res y qué los lleva a migrar hacia otras proteínas?
¿Qué factores determinan la elección frente a la competencia?

En muchas empresas medianas de la industria existe información detallada de ventas por producto y canal, pero no existe un entendimiento profundo del comportamiento de decisión del consumidor final.

Esa brecha termina siendo costosa porque genera decisiones equivocadas de mix, precio, innovación y capacidad productiva.

La segunda acción es de posicionamiento: decidir explícitamente qué consumidor se quiere atender mejor y construir la operación alrededor de esa elección.

No todas las empresas pueden —ni deben— competir en todos los segmentos. La ventaja está en entender dónde se puede generar mayor valor y construir capacidades diferenciales alrededor de ese espacio.

La tercera acción es de anticipación. Las empresas que desarrollen hoy la capacidad de leer cambios antes de que se conviertan en pérdida de ventas tendrán una ventaja competitiva que ninguna inversión publicitaria podrá replicar.

La industria cárnica continúa redefiniéndose. El reto no es únicamente producir proteína; es entender quién la consume, por qué la elige y cómo debe evolucionar la cadena para responder antes que el mercado lo exija.

La pregunta clave para los líderes de la industria es sencilla:

¿Estamos diseñando nuestra operación para el consumidor que tenemos hoy, o seguimos preparados para el consumidor que dejamos atrás?

Sobre el autor

Martín Ribón Aislant es ejecutivo con experiencia en dirección de operaciones y categorías cárnicas en retail multiformato, industria porcícola y operaciones internacionales. Ha sido director general de empresas cárnicas, director de operaciones en retail y director comercial de carnes con el liderazgo de equipos de más de 2.000 personas en la cadena de proteína animal en Colombia.

WhatsApp: +57 301 371 0833

E-mail: mribonaislant@gmail.com